Bendición de un Anciano

Bendito aquel que me ayude sobre todo cuando no se lo haya pedido,
y aquel que me ofrece una sonrisa,
una palabra amable o un poco de su tiempo.
Benditos aquellos que saben hacerme revivir
mis bellos recuerdos de tiempos pasados,
y no me harán sentir el peso de mis lentos pensamientos.
Benditos aquellos que se den cuenta que mi vista se nubla
y me extienden la mano,
y que me hacen entender que todavía hay alguien
que me ama y piensa en mi.
Benditos todos aquellos que toquen la puerta de mi soledad
y que por mi cumpleaños me regalen una flor.
Aquellos que comprenden el temblor de mi mano
y mis días llenos de cansancio.
Aquellos que hablen en voz alta
para ahorrarme la humillación de mi sordera
y me entregan a cada rato el hilo de la conversación.
Benditos aquellos que fingen cortésmente el no haberse percatado
de los granos de frijol que ensuciaron el mantel.
Y aquellos que me escuchan con paciencia, sin hacerme mofa,
cuando repito los recuerdos de mi lejana juventud.
A todos ellos les digo que siempre,
cuando mis ojos han tropezado con su mirada,
en ellas he encontrado la bondad de Dios.
(Autoría desconocida. Este poema puede ser usado en el Día del Adulto Mayor, 1ro de Octubre)
Foto: Cláudio Carvalhaes

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